Desasosiego
Suena mi móvil. Mensajito. Entre la marabunta de archivadores, papeles, agendas, calendarios y documentos aparece el dicho aparato. Y la sorpresa es que no era quien yo esperaba. Se trata de un sujeto desde Barcelona al que nunca le di, ni le hubiera dado, mi teléfono. No ha habido contestación, ¿qué tal si le digo: - “hable con mi asesor de asuntos de amor”? Demasiado borde. Mejor si no recibe respuesta que luego me invade el desasosiego. Es una sensación angustiosa que invariablemente se produce siempre que alguien muestra cierto interés. Y no es que sea una engreída, todo lo contrario, es ser fiel a lo que una misma piensa y siente. Mirada lejana, lento acercamiento, comentario gracioso y me recorre el escalofrío por la espalda, empieza el agobio, la respiración acelerada, el pequeño vahído y tengo que salir corriendo con cualquier excusa. Tengo un problema, mi carácter foral va a ser más acentuado de lo que pensaba. Y eso que no he soltado el tan común: y a ti que te importa!
