CALAS


Esta noche Juancho se nos “ha ido”. La verdad, me debato entre la pena y el ansia del sueño tranquilo.
Soy seria, muy seria, tan seria que puedo decir tres veces “tururú pajarito”, “tururú pajarito”, “tururú pajarito”… y encima sin reírme.
A buen entendedor, pocas palabras bastan, jj
He decidido que hoy es un día para el agradecimiento; se lo debo a cantidad de gente y por cantidad de causas, pero hoy mis letras van dedicadas a tí (para tu suerte, no lo leerás de modo que tu orgullo y egocentrismo no se verán resentidos de ninguna manera…). Gracias por:
- no tener que mantener más silencios incómodos
- no tener que aguantarte la cara de limón agrio cada vez que algo no era acorde a lo que te apetecía escuchar
- poder hablar con chicos sin ser borde o sentirme culpable
- no tener que gastar mis vacaciones recorriendo kilómetros en autobús sólo para verte cuando estaba cansada
- no tener que dar explicaciones de cuántos cigarrillos me he fumado a largo del día
- no tener que volver a casa a cambiarme de ropa porque “en Sanfermines no se puede ir con tirantes por la calle”
- no tener que medir mis palabras a la hora de decir lo que pienso
- no tener que parecer una santa delante de nadie (y mucho menos delante de mis amigos)
- no tener que soportar que tengas derecho a bañarte en pelotas en un pilón y te cabrees si yo lo hago
- volver a recuperar mi identidad y no ser “la novia de…”
- no tener que escuchar divagaciones morales sobre tus amigos (cuando tú te comportas peor que ellos)
- no tener que cuidar de tí como si fuera tu madre (quiero un hombre!)
- no desesperarme porque siento que me has dejado en la estacada
- no tener que llorar si decides no venir a verme en mi cumpleaños porque te da pereza viajar
- no tener que aguantar días de fútbol haciendo pizza con Jelen para tí y tus amigos
- no tener que cenar medio Kg de ñoquis solos porque la nevera está vacía
- no tener que limpiar la mierda acumulada en tu piso durante un mes cada vez que voy de visita
- no tener que volver a oir a tu padre preguntar por enésima vez (durante años y después de haberle mostrado el artículo de la LGT) cuántos años hay que guardar la documentación de la declaración de la renta (que no haga pufos y no tendrá que preocuparse!)
- poder viajar sola con mis amigas sin tener que discutir y terminar quedándome en casa
- quitarme la venda de los ojos y darme cuenta de que no “estoy loca” como tú decías
- ponerme hasta arriba de tarta de chocolate sin escuchar que si sigo así me va a salir re-reculo y que debería apuntarme al gimnasio
- no tener que preocuparme si no me vuelves a llamar
- no tener que aguantar tus “exhibiciones”
- no tener que decirte que eres un amante fenomenal cuando casi se me cae el punto G para poder llegar al orgasmo cada vez que nos acostamos
- no terminar desequilibrada rastreando tus correos electrónicos por la red en busca de una pista que atestigüe mis sospechas
- no tener que quedarme en casa viendo una peli si lo que me apetece es salir de juerga con mis amigas
- el sábado ya no es un día de sexo por obligación
- no sentir que soy la culpable de todo lo malo que ocurre en el mundo
- dejar de sentir que no soy suficiente
- volver a estar viva aunque tenga el corazón congelado
- no haber querido casarte conmigo antes y tener ahora medio microbús de churumbeles
- haberme demostrado que no necesito tu apoyo y mucho menos tu aprobación para emprender algo
- permitirme que me enseñenen a difrutar del sexo
- el resto de cosas que no cuento, muchas de ellas por sentirme incluso avergonzada de haberlas permitido
Gracias por permitirme redescubrir lo increíble que soy y lo maravillosa que es la vida sin tenerte a mi lado.
Al hilo de lo que cuenta Pat.
Ayer, tras una conversación familiar en el Andalucía Express y más tarde en el AVE, tuve una curiosa reflexión: triste y desconsoladora en las historias pasadas, que ahí quedaron y que no merecen la pena, y tremendamente estimulante para hoy. Nunca nadie se ha preocupado de mis “dolores”. Qué me expliquen si eso no eran malos hombres!
La conversación telefónica del viernes nos devolvió al pasado; recordamos tantos enfados y malos ratos, esas llamadas en las que una de las dos casi no podía hablar porque las lágrimas ahogaban su garganta, los nudos en el estómago,… Ya aquel dolor está superado porque, después de rememorar esas experiencias, sonaron enormes carcajadas que culminaron con “qué patéticas!” y “seguro que ellas son más listas que nosotras, jjj”.
Si realmente todavía no es agua pasada al menos nos queda el ser capaces de reírnos de nosotras mismas (aunque quizá haya sido el pasado quien nos haya enseñado a hacerlo). Creo que esto es algo que nunca hubiésemos podido aprender de ellos; eran tan listos, tan estupendos, sabían tanto de todo y todo lo hacían tan bien que no podían equivocarse, de modo que ¿de qué iban a reírse? (por eso la vida era tan tranquila a su lado… jiji).
Como dijo Sir John Beaumont “No son malos tiempos, son malos hombres”, que en nuestro caso sería “No fueron malos tiempos, fueron malos hombres”.
Me regala los enfados más intensos y las mayores preocupaciones, pero sus brazos son los más firmes, su cariño incondicional y sólo con su mirada me he conmovido más de una vez, por tierna, sabia y llena de orgullo.
Siempre enérgico y trabajador se está haciendo viejito. Ansía tenernos a todos juntos, quiere le devolvamos sus mimos de miles de noches en vela y se emociona cada día más.
Ayer fui a visitarle y de nuevo fueron incontenibles las lágrimas de satisfacción. Su aparente frialdad se compensa con un corazón que no le cabe en el pecho. Una milésima parte de su fuerza sería mi mejor regalo.