Mi viejo profesor particular
Me regala los enfados más intensos y las mayores preocupaciones, pero sus brazos son los más firmes, su cariño incondicional y sólo con su mirada me he conmovido más de una vez, por tierna, sabia y llena de orgullo.
Siempre enérgico y trabajador se está haciendo viejito. Ansía tenernos a todos juntos, quiere le devolvamos sus mimos de miles de noches en vela y se emociona cada día más.
Ayer fui a visitarle y de nuevo fueron incontenibles las lágrimas de satisfacción. Su aparente frialdad se compensa con un corazón que no le cabe en el pecho. Una milésima parte de su fuerza sería mi mejor regalo.