Tuesday, April 3, 2007

Desayuno en familia

Eran las ocho de la mañana de un claro domingo de vermut en el Caballo Blanco y hacía media hora que había venido a despertarme, entre babas, lloriqueando como un bebé. Pasada la pereza inicial de la hora, me levanté entre risas, abrí la persiana y vi el ángel de piedra, mirándome como siempre. Sonreí a la Inmaculada, respiré el aire frío y me vestí para el paseo: vaqueros, zapatillas, jersey de cuello vuelto, trenca y gorra. Empezaban a florecer las margaritas. “Ya es primavera”, pensé. Max corría delante de mí, con un palo en la boca y me llamaba a jugar entre brincos y ladridos. Me até la correa a la cintura y le seguí. Después de muchas carreras, cuando no pude más, me senté en la escalera de piedra a mirar como los bomberos jugaban al frontón. Entendió que se habían acabado los juegos. Se sentó a mi lado, metió la cabeza debajo de mi brazo y la apoyó en mi rodilla. Sin duda tendría que lavar los pantalones. Media hora después, sentados en el mismo sitio, el tiempo había volado y lo habíamos pasado juntos, disfrutando de nuestra compañía. -“¡Max, a por el desayuno!”. Corrimos a la Estafeta a comprar pan, bollos y periódicos y volvimos a casa. El sol entraba por todas las ventanas. Alguien se había levantado porque estaban abiertas. Entramos en la cocina y ahí estaban todos, alrededor de la mesa, hablando. El olor del pan recién hecho iluminó sus caras: -“¡Elena y Max traen el desayuno!”.Los gritos de papá alteraron al perro que, con sus ladridos, inauguró oficialmente el desayuno en familia.

Posted by Pat o Elenita in 11:25:42
Comments

Leave a Reply