Una buena secretaria
David: “Ya se ha ido Miryam… Elena, nuestro mundo se derrumba”.
David: “Ya se ha ido Miryam… Elena, nuestro mundo se derrumba”.
Así, suavecito, de lejos, como quien intenta escuchar de nuevo un recuerdo, oigo una voz masculina que se queja de determinados comentarios, que reivindica exclusividad encubierta con voz melosa.
Y yo digo: ¿exclusividad?¡te “vi a da” yo exclusividad! Y esto son mis celos.
Me siento fatal criticando a aquellos que comen de escribir, pero la tomadura de pelo me sienta peor.
He ido de época en época y he viajado a la velocidad de la luz por el mundo entero a través de las páginas de los libros. Unas escritas con más amor, otras con menos, unas adorables, otras desagradables, unas divertidas, otras aburridas… pero lo de hoy no tiene nombre. Qué cierto ha resultado eso de que la publicidad nos engaña. Durante meses Madrid se llenó de “léelos”. En todas las marquesinas, en los autobuses, en la radio… todos los objetos inertes se confabularon contra mí y susurraban a mi paso: “lee Sucedió en el Ave…”. Y yo caí. Antes de un viaje en tren, en AVE precisamente, entré en la librería de la estación y ahí estaba esperándome. Y como si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma, el libro vino a buscarme y no tuve escapatoria. La realidad; me ha parecido una tomadura de pelo en todos los aspectos. La redacción parece de cuento infantil, más breve imposible, la historia, más aún el desenlace, no se sostiene por ningún sitio y el argumento justifica actuaciones que dan verdadero miedo. En mi opinión, los peores euros invertidos en lectura.
Delante de unas acelgas frías jugueteaba con el tenedor. Las miraba con una expresión incierta. No se encontraba del todo bien y estaba agotando el tiempo que tenía en mirar aquel dichoso plato de comida. Después del fin de semana se había dado cuenta de que ya no se parecía a la de antes y que no podía volver atrás. Deseaba haber seguido igual y sin embargo ahora era más feliz. Siempre dudando, era su sino.
Se miró las manos, aquel anillo le recordaba todo lo que había salido ganando y lo que había dejado pasar. A estas alturas habría cambiado tanto su vida… y aunque la de ahora no fuera su sueño, siempre era mejor. En realidad tenía miedo, estaba asustada. Se levantó y con una mueca de asco tiró la verdura sin mirarla. Salió a la calle, a perderse entre los desconocidos y convertirse en una cara más.
Tras las elecciones nueva jornada de reflexión. Mi asombro no tiene límites.
El momento político en el que se encuentran Navarra y el País Vasco no dejaba lugar a la pereza; había que votar. Y sin embargo, sigue resultando asombrosa la cantidad de gente a la que su tierra le importa un pimiento. Y no me refiero al sentimiento vasco-navarro, por otra parte muy enraizado en todos los nacidos en, sino en la lucha contra el terror y la violencia. El 90% del país se levanta y se indigna ante los atentados, las amenazas y la lucha armada, y no obstante, los que lo sufren de primera mano prescinden de su casi único derecho a la defensa…
Peor ha sido el resultado de las elecciones. No porque el elegido haya sido UPN frente al PSN o viceversa, ni porque CDN haya casi desaparecido sino porque definitivamente el terror está ganando la batalla. En algunos pueblos de Guipúzcoa ETA entra definitivamente en las instituciones. Y me resulta terrible asimilar que los dialogantes, sea cual sea su ideología, puedan tener que soportar de nuevo que una mañana cualquiera, -después del café y las pastas, tras una discusión acalorada con su secretaria, una riña a los hijos o un recuerdo romántico del fin de semana…- entre papeles y rinrines telefónicos pase uno de esos sujeto y vecino de escaño a su despacho y mirándole a los ojos le diga: “tu eres el siguiente”.
PRECISANDO: Como se me va la olla, vamos a precisar. Ni mucho menos pienso que los del PNV sean asesinos. Tengo mis dudas, muchas dudas, en relación con otros de la coalición y su opinión sobre la violencia, aunque tampoco por eso son asesinos. He cambiado el texto porque no quería decir que Nafarroa Bai no permitiera ejercer el derecho al voto de manera libre, sino ANV, pero las prisas y las emociones me confunden como a Dinio la noche.
Sin embargo, cuando la adolescencia abertzale, esa que condena la violencia, quema contendores delante de mi casa y lanzan cócteles molotov a ventanas de mi manzana y los guardaespaldas de mis vecinos tienen que acompañar a sus protegidos en escudo para que no sufran ningún daño y algunos amigos míos o familiares ven afectada su vida diaria, me hierve la sangre y me indigna que esos sean los que luego votan a determinados partidos políticos que se supone, condenan la violencia. Y aunque me acelere y casi ni sepa lo que digo, esta mi única manera de atacarles.
Ayer fue un día especial. Hoy, con retraso:
FELICIDADES PAT!
Un post en exclusiva para mandar un beso enorme a uno de los seres más buenos de la tierra que estará infinitamente triste.
Hace meses conocí a una bruja, aunque hasta hace dos semanas sus poderes no me habían sido revelados.
No mueve la nariz ni vuela encima de una cama al ponerle el cuarto boliche. No usa escoba, medias rayadas ni sombrero puntiagudo. No tiene un caldero ni tampoco hace magia negra. Cualquiera pensaría que es una chica normal si la ve caminando por la calle con sus jeans ajustados y tacones o de fiesta una noche. Pero que nadie se equivoque, es una brujita y tiene hasta su propio libro de hechizos.
Ahora estamos esperando a que llegue la luna nueva para ponerlos en práctica; tengo una semana para estudiar y ponerme al día en la materia. De momento, tengo que elegir qué es lo que pretendo conseguir a partir del 1 de junio…
Fidget Goblinfilter

La Frontera puso banda sonora a mis interrogantes, hace ya muchos años, cuando mi limitada edad no me permitía pensar más allá del día siguiente y el escondite del recreo diario y sufría intentando imaginar que significaría para siempre o infinito.
¿Dónde está el criterio del bien y del mal? ¿Quién decide si un comportamiento es adecuado a las circunstancias? ¿Es lo mismo actuar bien y actuar como esperan los demás? ¿Si actuáramos como esperan, estaríamos siempre haciendo bien? Dónde están los límites…
Alguien muy sabio me aconseja siempre actuar en conciencia. Pero se me plantea un nuevo interrogante ¿es siempre suficiente? ¿Por qué se quiebra el corazón ante el dolor ajeno si uno ha actuado de tal manera? La vida tiene momentos dulces y serenos, muchos más de los que valoramos. Sin embargo los hay tan duros que impiden enderezarse y crean interrogantes.
Empiezo a pensar que la perspectiva particular y el egoísmo son lo que empaña este límite que busco, la frontera.