El epitafio ocurrente y macabro del capitán de navío, con espada de luces incluida, pone título a las fiestas de 2007.
Pobre de mí en desconsuelo general, pañuelicos al viento sobre nuestras cabezas y entre los cánticos y despedidas, hipídos y caras congestionadas. Una frase enorme al oído, en consuelo de mis lágrimas, definieron los últimos diez días: “Recuerda, este es el San Fermín de nuestra vida. Que no se te olvide, ¿eh? Pase lo que pase después, estos serán los sanfermines de nuestra vida.”
Desde el preludio del cinco y hasta el mismo quince, con el cuerpo hecho trizas por la resaca del hielo, los momenticos han sido infinitos. Almuerzo de huevos fritos con jamón y Pamplona se vistió de blanco y rojo. Entre los miles de abrazos, besos, confesiones y copas de alcoholes varios, la mente se ha envuelto en un torbellino de encuentros y desencuentros adornados con lagunas cristalinas de vacío.
Y de nuevo, de la mano de las mejores personas, cada uno tuvo sus momentos de gloria. Cada amigo ha dejado un agujero negro en la separación, un recuerdo que hace sonreír a solas y alguna tímida lágrima que se emociona. Y como la gente trabajadora no puede descansar, OPA`s hostiles en la adquisición de gadgets sanfermineros: collares de cuentas de oro que acabaron haciendo las veces de pulseras, anillos luminosos, pendientes americanos de lo más chic, animalitos colgados al cuello (y no solo de peluche), espadas de neón para los valientes, adornos de luces en forma de corazón, Nemos radioactivos, recuperados y con dos aletas, sombreros de Brokeback Mountain, de estampado vacuno, de colores para sol, antenas al más puro estilo Rosi de Fraggle Rock y el más aclamado y odiado dispositivo jamás comercializado, los megáfonos de Viladecans, a la altura de Murcia. Momentos de minimoto, de cánticos, de Reinas Europeas y botones pro baile, de pacharanes, de corredores, de orfidales y de frío interior, de ansiedad y alegría, de compañía, de nuevos y antiguos y verdaderos amigos… Y yo me quedo con uno de nueve días, con la sensación de hogar dentro y fuera de casa y todos los gestos de cariño recibidos.