Monday, July 16, 2007

Del seis al catorce de julio

El epitafio ocurrente y macabro del capitán de navío, con espada de luces incluida, pone título a las fiestas de 2007.

Pobre de mí en desconsuelo general, pañuelicos al viento sobre nuestras cabezas y entre los cánticos y despedidas, hipídos y caras congestionadas. Una frase enorme al oído, en consuelo de mis lágrimas, definieron los últimos diez días: “Recuerda, este es el San Fermín de nuestra vida. Que no se te olvide, ¿eh? Pase lo que pase después, estos serán los sanfermines de nuestra vida.

Desde el preludio del cinco y hasta el mismo quince, con el cuerpo hecho trizas por la resaca del hielo, los momenticos han sido infinitos. Almuerzo de huevos fritos con jamón y Pamplona se vistió de blanco y rojo. Entre los miles de abrazos, besos, confesiones y copas de alcoholes varios, la mente se ha envuelto en un torbellino de encuentros y desencuentros adornados con lagunas cristalinas de vacío.

Y de nuevo, de la mano de las mejores personas, cada uno tuvo sus momentos de gloria. Cada amigo ha dejado un agujero negro en la separación, un recuerdo que hace sonreír a solas y alguna tímida lágrima que se emociona. Y como la gente trabajadora no puede descansar, OPA`s hostiles en la adquisición de gadgets sanfermineros: collares de cuentas de oro que acabaron haciendo las veces de pulseras, anillos luminosos, pendientes americanos de lo más chic, animalitos colgados al cuello (y no solo de peluche), espadas de neón para los valientes, adornos de luces en forma de corazón, Nemos radioactivos, recuperados y con dos aletas, sombreros de Brokeback Mountain, de estampado vacuno, de colores para sol, antenas al más puro estilo Rosi de Fraggle Rock y el más aclamado y odiado dispositivo jamás comercializado, los megáfonos de Viladecans, a la altura de Murcia. Momentos de minimoto, de cánticos, de Reinas Europeas y botones pro baile, de pacharanes, de corredores, de orfidales y de frío interior, de ansiedad y alegría, de compañía, de nuevos y antiguos y verdaderos amigos… Y yo me quedo con uno de nueve días, con la sensación de hogar dentro y fuera de casa y todos los gestos de cariño recibidos.

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Tuesday, July 3, 2007

De patrones y pitones

Se despierta el día alegre y cancionero, bicolor. Desde mi ventana, hileras de hormiguitas se dirigen en una misma dirección para celebrar juntas una fiesta de cumpleaños, larga como una boda musulmana. Los preparativos desde enero, en escalera. La ciudad se engalana y muestra sus colores a los de siempre, a los repetidores y a los desconocidos. Y arde el fuego en el alma desde el estómago. La emoción pica en los pies vestidos en zapatillas, las piernas enfundadas en blanco, el pecho orgulloso en nuclear y el cuello y la cintura deseosos de protección escarlata. Los ojos, tripulantes en una travesía de excepción, se preparan para lo nunca visto y la mente rememora los miles de cumpleaños pasados. El Santo, con sus mejores vestiduras, prepara su hogar y se peina presumido para escuchar las alabanzas y brindis que se harán en su honor. Se remangará muy dispuesto a blindar con su protección a todos los que desde las siete de la mañana dedicarán su pensamiento a exclusivas oraciones de salvaguarda. Emocionado, escuchará desde su altar los cánticos y bajará silencioso entre el gentío, cuando nadie esté mirando, sólo para apadrinar con su presencia a los que valerosos juegan entre los pitones de su ofrenda. Pero San Fermín siempre sorprende y organiza algo nuevo. Nunca el 6 de julio es el mismo 6, ni los días que le siguen se suceden como en años anteriores. Y en la cuenta atrás, en las escasas horas, minutos y segundos que se descuentan, la pasión del que vive enamorado del Santo se propaga por cada fibra de su piel.

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Thursday, March 1, 2007

Curiosidades

Ayer por la noche me acosté en mi rinconcito de la calle Huertas, hoy me he levantado en Pamplona, a los pies de mi plaza de toros. Dicen que el primer viernes de marzo es especial, el Jesús de Medinaceli es aún más milagroso que de costumbre. Se le hacen tres peticiones y una de ellas se cumple.

Miércoles, ocho y media de la tarde, y la Calle Jesús ya es un punto de guardia. Cámaras de televisión, hombres y mujeres de cierta edad con sus sillas y tumbonas, sacos de dormir, termos, cartones y rosarios, esperan ya la apertura de las puertas.

A las ocho menos cuarto de esta mañana me ha despertado la magnífica sensación del comienzo del encierro. El rumor creciente, el hormigueo incesante de la peregrinación de los que se dirigen a las barreras y a su lugar en la carrera. Entre sueños he sentido como se me encogía el estómago de nervios, hoy toros de Cebada Gago, tercer canto de los mozos a nuestro Patrón. Desde las alturas y en la distancia de los 500 kilómetros y 127 días que me separan de San Fermín, casi he oído el cohete desde los corralillos de Santo Domingo. Sssshhhhhhh……..pum!.

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