“Soy escritor por timidez. Mi verdadera vocación es la del presdigitador, pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco, que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura.”
Ayer Gabriel García Márquez cumplía 80 años. Resulta impensable decir algo de él que no se haya dicho mejor y más bonito, máxime si al otro lado están mis manazas, que pasan el día redactando informes, pero nada saben de literatura. Siguiendo la recomendación de alguien con quien me gusta compartir, a eso de las 4 de la tarde compré El Coronel no tiene quien le escriba. Jornada intensa de trabajo hasta las ocho y esta mañana ya lo he terminado. Es breve, pero como todo lo que escribe, intenso en su realismo mágico. Entre todas las letras de Gabo he disfrutado las descripciones más gráficas y alguna de las frases más impactantes. Decir que es mi escritor favorito resulta hasta típico para alguien ignorante en esto del arte literario, pero me he entusiasmado con cada una de sus páginas.
“Era tan apremiante la pasión restaurada, que en más de una ocasión se miraron a los ojos cuando se disponían a comer, y sin decirse nada taparon los platos y se fueron a morirse de hambre y de amor en el dormitorio” (Cien años de soledad).
“Yo no tengo quien me escriba. Y regresaron en silencio” (El Coronel no tiene quien le escriba).