Escondida detrás de un cortinón en casa de Lady Keith he espiado los movimientos de Jack, su fortaleza y su aire de gran hombre de mar. He caminado a su lado y aspirado su olor a sal y hasta he rozado su chaqueta mientras analizaba la dirección del viento en el cuadro de la pared. Me estaba sofocando con la aglomeración cuando las voces del salón se han ido apagando lentamente para transportarme a la realidad. No sabría cómo calificar lo que he escuchado. Seguramente es lo que toda mujer querría oír a su futuro marido.
- “Ayer compré un anillo de diamantes”.
- “Joder tío, enhorabuena!”
- “Sí… eh… sí, supongo”.
- “¿Y cuándo se lo das?”.
- “Hoy, mañana… no sé”.
- “Así que estás prometido, ¿eh?”.
- “Mmmmm… estoy acojonado, pffffffffffffffffffffff”.
- “Joder, no me extraña. Oye, ¿te has enterado de lo de Osasuna? Qué putada, ¿no?”
- “Y que lo digas tío, que paquete le tengo al Sevilla…” bla bla bla bla”.