Manual: regla 4
- No repitas (segundas partes nunca fueron buenas, y las siguientes suelen ir de mal en peor)
- No comiences con uno igual.
“Si no tienes nada agradable que decir, no digas nada.”
La expresividad siempre natural de Camino, no suele incorporar palabras malsonantes, salvo ayer. En una conversación telefónica de lo más esperpéntica, se paseaba alzando los brazos y la voz, al compás de la música. De vez en cuando lanzaba al aire una carcajada o un guiño y me miraba haciéndome partícipe de su historia. Entonces se paró en seco y con el dedo índice apuntando al cielo sentenció: “mira niña, tú lo que tienes que ser es una divina del coño”. No hay expresión más gráfica. La oyente, entre hipídos lacrimógenos, no pudo reprimir la risa ante tal ordinariez.
Y aplicado el cuento a otros casos muy concretos, esa vendría a ser la solución de muchos males. Porque como dice ella, “no te engañes, la única razón de que dos personas estén juntas es porque quieren, y a veces resulta muy difícil asumir las condiciones del juego”. En un manifiesto muy propio de Sexo en Nueva York, tan denterosamente cursi como real, Camino asegura que la salida pasa por mantenerse divin@. Porque todos tenemos algo que nos hace especiales y que puede deslumbrar a alguien en concreto o a medio mundo. Y debe mantenerse como única, esa cualidad que crispa, al mismo tiempo que enamora y fascina ya que, al fin y al cabo, es lo que nos hace divin@s.