El batallón del miedo y la vuelta al cole
Después de un post esperanzador acerca del desatasco mental y el deseo incontrolable de historias de amor, aventuras, batallas y demás cuentos reales transformados en mentiras, la realidad diaria oscurece la pasión creativa.
Salvo en el café inicial de las nueve de la mañana, las caras postvacacionales se han desparramado entristecidas en sus asientos como canicas que escapan indefensas de su bolsa de red. Y el día parece más difícil y más duro que la subida al Tourmalet. El momento de gloria llegará a las siete y media de la tarde, cuando las tropas rompan filas. Las expresión de sus caras habrá mudado de sentimiento por unas horas y hasta el toque de dianas del despertador cuando, con la vista nublada y las desesperanza anudada a los tobillos, se dirijan robotizados al despacho.
Y entre intentos fallidos de sonrisas, palmaditas cómplices y regalos de glucosa, el aire se enrarece, el oxígeno escasea y el aliento adherente del Teniente Coronel remulle el ánimo de la tropa, destruye su ilusión, mina su esperanza. Si batalla y guerra se han perdido ¿resulta cobarde volver a casa?.
