Fairy
Hoy te voy a contar un historia, aunque te la sepas bien, que pasó hace muuuucho tiempo y que hay que recordar por eso de que su aniversario es en estas fechas. Era un día típico de febrero en Pamplona (después de San Valentín); gélido, en el que el viento helado hace de lifting natural, la manos empiezan a congelarse y los dedos se duermen. Sola en casa y ahogada en la melancolía, esa a la que suelo abonarme en invierno. Había hecho desaparecer a Xabi hacía poco tiempo y sus historias me habían dejado, como a todas (que fuimos muchas), convaleciente. Hablamos por teléfono y estábamos igual, solas.“Vente y pensamos qué hacer”. Recuerdo el equipo de música en la cocina, la cinta de mi verano en Tarragona y la alternativa. Iba a ser una de esas noches en las que tú y yo solas quemamos Estafeta. Sin un duro, la mejor idea que se nos ocurrió fue vaciar el armario del alcohol de mi casa, “¡pero que no se note!”. Vasos de chupito y vino, ginebra, ron, whiskey, vodka, pacharán, licor de melón!… y todo rociado con su correspondiente dosis de fairy tras cada trago. Después de unos cuantos ya no había dolor, ni sabor, ni frío. Empezamos a cantar, ¡viva Loquillo!, a reírnos de todo y hacer el pavo, estilo el video que dejaste hace unas semanas, nos faltó la guitarra. Calentamos el estómago y alegramos el corazón. Acabamos en el Ibiza 5, bailando como locas, riéndonos y ¿todo a base de fairy?. Por cierto, cuando vengas te llevaré a un sitio que he descubierto hace poco y viviremos de nuevo una noche de AGUA DE VALENCIA, pero esta vez brindaremos sólo por las alegrías!